LIAT


Polaroids
2016












In high Pyrenees, between elegant glacial lakes, cliffs and proud peaks, resist abandoned some wagons, while the cable cars towers oxidized : the remains of an old mining activity. Following old rails, small tunnels crosses hanging from the abyss, to reach dizzying hills where incredibly they had built canteens and accommodation for workers. Among rust, cables and fallen walls appear mine mouths, silent holes soaked in darkness and mystery that connect the bowels of the earth with a clear and bright sky, almost metallic. Surprisingly you can find in these labyrinths bivalve clusters, similar to those that can be seen in oyster and clams nurseries, growing on old pipes, rails and metal objects left in the mine.

The remains of this industrial heritage provide a flavor of unreality in a landscape which follows its own logic, oblivious to men bold and follies. Undeniably, the valley enjoys a historic economic boom that doesn't come from its mineral resources, but from that urban extravagance that likes to slide down the snowed mountain (and its consequences).

En alta montaña pirenaica, entre elegantes lagos glaciares, riscos y cumbres orgullosas, resisten abandonadas algunas vagonetas, mientras se oxidan las torres de los teleféricos, vestigio de una antigua actividad minera. Siguiendo viejos raíles, se cruzan pequeños túneles, colgados del abismo, para llegar hasta collados de vértigo donde increíblemente se habían edificado cantinas y alojamientos para los trabajadores. Entre herrumbre, cables y muros caídos se descubren las bocas de las minas, silenciosos agujeros empapados de oscuridad y misterio que conectan las entrañas de la tierra con un cielo limpio y luminoso, casi metálico. Sorprendentemente se pueden encontrar en estos laberintos racimos de bivalvos, semejantes a los que pueden verse en criaderos de ostras y almejas vivas, creciendo sobre viejas tuberías, raíles y cualquier objeto metálico abandonado en la mina.

Los restos de este patrimonio industrial aportan unas pinceladas de irrealidad en un paisaje que sigue su propia lógica, ajeno a los atrevimientos y locuras de los hombres. Es innegable que el valle disfruta de una bonanza histórica que no proviene tanto de las riquezas de su subsuelo, como de esa extravagancia urbana que gusta de deslizarse por la nieve montaña abajo (y sus consecuencias).